Hoy se cierra.

Tristemente y de panera definitiva (por ahora) me voy. Gracias por leerme quien quiera que seas, fue lindo compartir y espero volver algún día.

Desafío al mundo a entregarme una mañana más perfecta que aquella en que despacio y entre sonrisas me despiertan tus besos.

Desafío al mundo a mostrarme insomnios con una pasión más extrema, con una adicción más sincera que esa que colma nuestras noches.

Desafío al universo a mostrarme un comienzo más espectacular, una circunstancia más particular, un mundo igual o mejor que aquél donde la belleza del todo armonizó con nuestros sentimientos.

Lo desafío a que me enseñe otras risas como esas que se nos escapan cuando vemos la sorpresa en otros rostros; cuando ironizamos con el imposible que se volvió posible, cuando animamos cada momento de flaqueza con palabras que nos tientan a seguir convencidos de vencer cada obstáculo.

Lo desafío a desafiar mi locura, tu entereza, mis impulsos, tus dulces maneras de aterrizarme, la valentía de quererme, la valentía de quererte, la explosión de un encuentro, la ternura de nuestros gestos, los regalos que surgen de la nada, la imagen estática y eternizada de un beso.

Lo desafío porque yo, sencillamente, soy incapaz de imaginar una medida distinta a los matices de esta perfección que me arrastra. Lo desafío, sin miedo, a enseñarme una manera de amar mejor que esa que día a día improvisamos.

Quédate, la fiesta está comenzando. Hay kilómetros de besos interminables esperándonos, la vida misma en cada rincón de oscuridad mimetizándose con nuestras risas. Una locura más que culminar, los gritos, el cabello dispersándose con el viento. Tú elevándome por los aires, yo instándote a profanar todo lo que nos han prohibido.

Quédate, hay centímetros afanándose entre nuestros ojos; una mirada hacia atrás, una sonrisa, un momento eternizándose entre absurdos y paisajes. Con el brillo de mis pupilas tu aceptas la aventura, el calor de mi mano te guía. Nos preguntamos si hay alguien más dispuesto en el mundo ha tomar el sendero de los valientes. Nos reímos de la respuesta.

Y me alegro de que seas tú. La convicción de tus palabras, ese cuidado sobre mí misma que no poseo, la probabilidad mínima hecha certeza. Por eso quédate: que ya lo sé, que no hace falta que lo digas. Que te quiero porque estás dispuesta. Que nada te ha vuelto más indispensable que la capacidad de adorarme sin peros. Que esta aventura  es  solo nuestra, que lo imprevisible del mañana nos espera.

Y me enamoré de la forma en la que escribía, de la tierna sonrisa infantil que desprendía, de la mirada de complicidad cada que hacia alguna travesura, de los ojos que ponía cuando alguien me veía, de su voz ronca por las mañanas, de sus pestañas que se enchinaban cada vez más cuando sonreía, de su tono autoritario cuando se enojaba, de los nervios que tenía cada que nos veíamos, de que fuera mi enfermera, de que no me dejará sola cuando lo necesitaba, Me enamoré de la persona que creaba cuando estaba con ella.

Las montañas crujen de frío

en la negra noche

en el diluvio

Las quiero tapar

con un suave y dulce manto

Es extenso, de miles y miles de kilómetros

A tientas por sus bordes

las voy cubriendo

Algunas frondosas

otras escarpadas

Estoy en el medio

ahí donde se unen

Me acurruco y me acuesto

me cubro también

paso la noche con ellas

El amanecer con su intensa luz

nos atraviesa

Poco a poco retiro

los kilómetros sedosos

Tienen otro color

están más vivas que nunca

Somos cómplices

 

Qué tal si volvemos en el tiempo! 
Allí donde se conservan tus mejores recuerdos,
un aroma único,
sensaciones nítidas, vívidas,
el tacto de una flor,
el sabor de unos labios carmesí,
un cielo fantasmal y a la vez angelical,
un aliento que te alienta,
unas manos de sol,
unos pasos firmes con destinos inciertos,
el riesgo del azar.
Un escenario des-equilibradamente perfecto
en un instante remoto, si remoto quizá,
pero tuyo, sólo para ti, sin arrebatos.

El vértigo. Y las olas. Y los nervios. Y temblar. Como si fuera la tierra o un pájaro o mis manos en el frío. Lo inminente. La no permanencia. La transformación. La imposibilidad de la evasión y todos los días son el mismo no día. El único día que existe será cuando llegue. Cuando me monte en la ola. Cuando me arrastre el vértigo. Cuando la tierra y los pájaros y mis manos tiemblen indistintamente. Las aves migratorias son valientes. Haré méritos para ganar medallas de valentía: iré al cielo aunque tema a las alturas, iré al frente de batalla aunque odie la guerra, entregaré mi corazón aunque lo haya blindado. 

El abismo. Las rocas. Los cuervos negros planeando el cielo. Y los sueños de azúcar. Y amuletos. Y las charlas indistintas. Y creer en la palabra. Escoger la palabra. Tomar el camino de la palabra y tenderse sobre él para ver lo que haya que ver. Sea lo fuere. Un avión cruzando por encima de mi cabeza que fantasea con accidentes. O un globo miedoso. O los cuervos que cortan el azul del cielo. 

Trastabillo. Camino y me tropiezo. Los zapatos me quedan grandes. No estoy en ningún lado. Fragmentada. Estoy en el espacio aéreo. Entre un lado y ningún lado. Si me vuelves a decir que nos escapemos a San Juan de Puerto Rico, me iré contigo. 

Los desbesos

                                                                              Aquí va tu nombre. 

Tú estás allá

y ante eso no han inventado cura.

Mas levantamos cada día

un puente de desbesos.

De simulacros estilizados

de un beso sobre el otro,

de un beso dentro del otro.

Estrategias militares en complicidad.

Intercambiamos mapas de las bocas

y nos estudiamos.

Planeamos el ataque.

Nos desbesamos para sobrevivir

a la injusta horizontal

que separa nuestras bocas.

Bocas kilométricas,

desbesos con diferentes

husos horarios,

lenguas de alto alcance.

Desbesos que son

besos esperando un avión retrasado.

Siempre vuelves a mí

con tu rostro de nuestra catástrofe.
Con los ojos accidentados
me cuentas la historia
de cómo estuvimos a punto
de perfectamente no haber ocurrido.
Agredidos, lesionados.
Enfrentados con violencia
en una esquina de la vida en hora pico.
Te digo que eres los veintidós años que
llevaba sin respirar. Bajo el agua.
Me dices que me has rescatado.
Me dices que también hay accidentes que salvan.

Problema N°1: Reconozco algo eterno en cuanto lo veo.
Problema N°2: Algo efímero, también.
Problema N°3: La primera cosa más evidente del mundo es una persona enamorada. La segunda: una coartada.
Problema N°4: Domesticarse a base de emociones es un privilegio sin escape.
Problema N°5: Tengo una memoria selectiva que sabotea cualquier clase de estabilidad.
Problema N°6: La felicidad extrema es la que se sintió inconsciente de una necesidad superior de alardear de ella.
Problema N°7: Creo ser la única persona en el mundo capaz de entender que una decisión tomada en torno al dolor, no es realmente una decisión.
Problema N°8: Puedo contabilizar más fantasías y análisis completados que litros de coca cola light absorbidos por mi cuerpo.
Problema N°9: RECONOZCO ALGO ETERNO EN CUANTO LO VEO.
Problema N°10: Hay problemas… Y son un estado de gracia.