Los desbesos

                                                                              Aquí va tu nombre. 

Tú estás allá

y ante eso no han inventado cura.

Mas levantamos cada día

un puente de desbesos.

De simulacros estilizados

de un beso sobre el otro,

de un beso dentro del otro.

Estrategias militares en complicidad.

Intercambiamos mapas de las bocas

y nos estudiamos.

Planeamos el ataque.

Nos desbesamos para sobrevivir

a la injusta horizontal

que separa nuestras bocas.

Bocas kilométricas,

desbesos con diferentes

husos horarios,

lenguas de alto alcance.

Desbesos que son

besos esperando un avión retrasado.

Siempre vuelves a mí

con tu rostro de nuestra catástrofe.
Con los ojos accidentados
me cuentas la historia
de cómo estuvimos a punto
de perfectamente no haber ocurrido.
Agredidos, lesionados.
Enfrentados con violencia
en una esquina de la vida en hora pico.
Te digo que eres los veintidós años que
llevaba sin respirar. Bajo el agua.
Me dices que me has rescatado.
Me dices que también hay accidentes que salvan.

Problema N°1: Reconozco algo eterno en cuanto lo veo.
Problema N°2: Algo efímero, también.
Problema N°3: La primera cosa más evidente del mundo es una persona enamorada. La segunda: una coartada.
Problema N°4: Domesticarse a base de emociones es un privilegio sin escape.
Problema N°5: Tengo una memoria selectiva que sabotea cualquier clase de estabilidad.
Problema N°6: La felicidad extrema es la que se sintió inconsciente de una necesidad superior de alardear de ella.
Problema N°7: Creo ser la única persona en el mundo capaz de entender que una decisión tomada en torno al dolor, no es realmente una decisión.
Problema N°8: Puedo contabilizar más fantasías y análisis completados que litros de coca cola light absorbidos por mi cuerpo.
Problema N°9: RECONOZCO ALGO ETERNO EN CUANTO LO VEO.
Problema N°10: Hay problemas… Y son un estado de gracia.

Prometo no acobardarme a la hora 
de rodear el prisma de tu cintura
acercarme cauteloso al lecho 
de iris misterioso, náufrago sombrío
ente y lucero que sana y cura
me asomo en tus hombros 
y descubro el despertar de la locura
el coral de las nubes en tus parpados
la rosa menguante de tus labios
risueña ciencia enamoradiza
ámbar que medita entre sabios
he viajado una y otra vez al espacio
prometo roce boreal con mis manos
hacer tu andar y el mío un presagio
que agite las olas trémulas despacio
ansío el vértigo espontáneo donde
vuelva valles de cuarzo tus pantanos
prometo no darle tregua a tu aliento
mantener tu suspiro recién despierto
tomar el sol y evocar el arte 
de pintarte auroras a cada hora
y a cada instante.

Me desnudo ante ti. Y ante todos ustedes.

Me desnudo ante este destino que se acaba y tiene prisa por volver. Me desnudo ante este mundo que en ocasiones me aterra y se me antoja demasiado estúpido, demasiado irreal, demasiado cruel. Me desnudo ante aquella despedida que te dejó mi ausencia como recuerdo y ante esos besos que desarman mi cintura cada vez que me haces el amor. Me desnudo ante la adversidad que me hace fuerte y ante esos defectos que desesperan al sol bajo las preguntas de las olas que destapan tu sonrisa. Me desnudo ante ella y ante él. Ante ellos que jugaron a ser valientes en un mundo de cobardes y ante todos los que sin pensarlo, hacen de su empeño un constante latido donde otros viven. Donde otros respiran.

Me desnudo ante la inmensidad de las estrellas y ante el secreto que me contaste mientras tomábamos café. Lo hago despacio, sin prisas, acariciando mis miedos y el olor a miel de tus pestañas. Me desnudo ante la fragilidad de mi piel y ante la coraza de mis dedos que golpean fuertemente el viento para que te lleven lejos, muy lejos de aquí. Muy lejos de mí. Me desnudo sin maquillaje, sin disfraces ni sentimientos concatenados que hablan de perdón. Que hablan de un susurro hecho gritos y bailan en acordes despeinados una canción que se despide en el cielo. Un impulso descarado que se eleva, sin quererlo, en una maraña de voces que solo hablan de nada y de nada hablan sin más sentido que una premisa hecha prisa.

Me desnudo ante tu belleza traviesa, ante la magia de tus abrazos y ante un querer que me mata sin importarme. Me desnudo ante un despropósito social que hace mella a mis sentidos pero aún así, me alejo. No cuenten conmigo. Me desnudo ante un te quiero, ante un gracias y ante un lo siento. Lo hago cada vez que te veo y cada vez que duermes a mi lado. Me desnudo ante el silencio y ante el hambre de unas sombras hecha niños. Ante la incomprensión de esos gritos de un anhelo incontrolado, que respira torpemente por última vez. Me desnudo ante la hipocresía de todos ellos, de todos ustedes y ante la mía propia.Hace tiempo decidí ir desnuda por la vida. Sin adornos, sin pesados cumplidos, sin más equipaje que una honestidad forjada en mis propósitos, en mis palabras y en mi hacer. Me desnudo ante todos los que hacen de la violencia un pretexto perfecto, haciendo trizas el alma de cualquier persona. De cualquier animal, de cualquier ser, de cualquier cosa. O como más te guste a ti llamarlo. De cualquier alma, al fin y al cabo.

Me desnudo cuando sale el sol, cuando la brisa calla y la luna revienta. Me desnudo ante mis miedos y la insensatez de esas ocasiones en las que creo que no puedo. Me desnudo sin más, habiendo hecho los deberes del ayer y viviendo en el presente una chispa futura de deseo. Me desnudo ante las notas de algodón , ante los pasajes con destino a nunca jamás y ante esa tierra a la que le pido que te trague y te escupa en otro planeta (a ser posible uno donde dejes el miedo y vengas a besarme). Me desnudo jugando a ser mayor a sumar en menos las ganas de seguir luchando, y dejar en positivo una cuenta que despierta una nevera sin más compañía que la tenue luz que la saluda, cada vez que abre su puerta. 

Me desnudo ante la idea de perderte, de perderme. Me desnudo ante mi impaciencia y ante estos estúpidos versos que sin más, quedarán en el olvido de un memoria permanente. Me desnudo ante la adversidad de que mientras pueda y mientras quiera, seguiré estando aquí.

Fiel.

Latente.

Desnuda.

Para volver a vestirme de VERDAD. Al menos de la mía.

Nuestras batallas son convencionales. Un juego lento, una espaciada tendencia a divagar en los límites. La sensatez arrasa por momentos, nos sitúa y nos obliga a ver la verdad. Alumbra la parte de nosotros que continúa un rodaje que de tantos personajes se hace invisible, se apaga. La insensatez nos aconseja seguir mirando al frente; y tropezamos con obstáculos insignificantes, y simulamos el encantamiento de absurdos. Robustos y astutos, rogando a cada semilla dar su fruto. ¿Cuando vino alguien a enseñarnos como caer? ¿Cuando fue que aprendimos a ser tan crueles con nosotros mismos asegurando que infringimos daño al enemigo? Mentir enciende una alarma imperceptible a ojos del resto. El inconsciente llamando, desesperado y silencioso. El recurso inagotable. La libertad errante que busca su prisión.

Eres una parte indisoluble de mi aventura. Un lugar donde llevarte en el que jamás te encontrarás, una promesa hecha de los restos de palabras que tienen tiempos y espacios para cobrar su realidad. Eres un minúsculo resquicio de mi fuerza al vivir. Un sentimentalismo utópico… como ahora mismo, cuando salgo a buscarte, como siempre, al sitio donde sé que nunca estarás.

¿A qué temes tanto? ¿Donde está el acceso tras ese muro de defensas? El escudo ante el error, la renuncia incólume pero visiblemente tan colmada de episodios ardiendo entre cada línea.

Si tuviera las palabras exactas, si tuviera un modo de tocar tu corazón; Arrancarlo y borrar su niebla espesa de un soplido. Decirle que todo es mucho más simple de lo que parece, que nadie perdería nada salvo el peso de no haber hecho lo correcto, que ganaríamos días excitantes. Que podríamos volar.

Si alcanzar la obsesión de tu mente fuese posible y adornar tu rostro de sonrisas estuviera a mi alcance. Si con una frase se resolviera todo, si pudiéramos reconocernos en la mirada de la otra. 

Si el mundo certeramente urdiese una constante oportunidad. Un día más para alcanzar con la punta de los dedos el escrito escondido tras la madera; el atardecer que ilumina tu mirada cabizbaja.

No temas a nada. Abriré mis brazos como si fuera la primera vez. Porque, ¿sabes?… para mi siempre lo es.

Estoy zurciendo tu corazón, besándole la sombra y despidiéndome un poco más cada día. Siempre en silencio, alejándome en puntillas antes de cerrarle la puerta. Le arrebato lugares, los reemplazo por otros; lo despojo de sus lágrimas y sus risas y lo inquieto por un nuevo sentido. Estoy devolviéndolo - con ritos y respeto -,  despojándolo a justas partes de mis demonios y también de mis mejores momentos. Estoy reordenando tu corazón, no como el que llegó a amarme: sino como el que nunca llegó, siquiera en sueños, a conocerme.